Hoy quiero compartir una reflexión desde otro ángulo, y es del de la persona que ve como un ser querido está transitando por un TCA.
Muchas veces veo que, como es natural, queremos ayudar como sea… Sin tener en cuenta que desde fuera, muchas veces, cuesta entender el fondo de la cuestión. Y eso al final hace que un comentario aparentemente positivo se transforme en uno que duele o incluso termine reforzando la culpa o la necesidad de control.
Así que si es tu caso, quédate, porque vamos a ver la importancia de las palabras y qué es lo que puedes hacer para acompañar de la mejor manera a esa persona que tanto quieres.
Que no decirle a una persona con TCA
“Pero si estás muy bien”
Empezamos por una de las frases más difíciles de recibir para muchas personas en recuperación, aunque no lo creas. Y lo entiendo, porque aparentemente es una frase súper positiva. Pero no lo es.
Lo que pretende ser un alivio o alegría, puede terminar activando una cadena de pensamientos del tipo:
- Sí, pero antes estaba mejor.
- Me lo dice porque he engordado.
- Tengo que controlarme más desde ya.
Esto no es sinónimo de que no puedas alegrarte por ver mejor a alguien, claro que no, pero va a ser mucho más positivo enfocarte en cómo se siente, más que en cómo se ve.
Recuerda que uno de los retos de la recuperación es dejar de centrarse en cómo se ve el cuerpo, para conectar con cómo se siente.
“Solo tienes que comer normal y ya”
Esta es una de las frases que le dijo su abuela a una de mis pacientes. Es de lógica, algo sencillo. Sí. Pero para una persona con TCA, comer no es solo comer. Nunca es solo comer.
Detrás hay miedo, culpa y pensamientos obsesivos. De ahí que muchas personas con TCA saben perfectamente lo que “deberían hacer”, de hecho me sorprende lo que muchas saben sobre nutrición humana. El problema no es la falta de información, sino el dolor emocional que trae el hacerlo.
Por eso, una frase así suele doler, porque reduce una lucha muy compleja en una cuestión de mera voluntad. Y sabemos que no lo es.
“Gente muriendo de hambre y tú sin comer”
Esta frase, que posiblemente se diga en voz alta sin pensar mucho (al igual que las del tipo “ojalá yo tuviera esa disciplina”), genera una sensación muy amarga.
¿Por qué? Básicamente, porque detrás de personas aparentemente disciplinadas se esconden personas agotadas. Personas que cuentan cada caloría, incluso mientras hablan contigo. Personas con miedo a comer, a descansar o a hacer cualquier cosa que se salga de lo que habían planeado.
Y aun así, desde fuera, reciben comentarios que ponen ese “sufrimiento” como protagonista, y eso hace que se romanticen conductas que destruyen a la persona por dentro.
El TCA no es fuerza de voluntad, es una lucha que consume día tras día. Y comentarios así pueden, aunque no te lo creas, reforzar esta dinámica.
“Sinceramente, no parece que tengas TCA”
Hay personas que llegan a mi consulta tras años sin pedir ayuda precisamente porque sentían que “no estaban tan mal”.
Seguían funcionando, trabajando, estudiando, sonriendo, haciendo vida… Y atrapadas en pensamientos constantes sobre la comida y su cuerpo.
Los TCA no siempre son visibles, y si esperamos a que el sufrimiento sea visible para poder validarlo, estaremos haciendo mucho daño.
“Deja de preocuparte tanto por el físico”
Desde fuera es fácil y sensato percibir nuestro cuerpo como “solo una parte más” de quienes somos. Pero para una persona con TCA, el cuerpo es sinónimo de autoestima, aceptación, valor y miedo al rechazo.
Por eso este tipo de frases hacen que la persona que está atravesando su TCA de una manera real se termine escondiendo, porque siente que lo que le pasa está siendo minimizado. Como si estuviera exagerando. Como si el dolor que siente no tuviera sentido.
Y cuando alguien siente que no va a ser comprendido, deja de hablar. Empieza a guardarse pensamientos, conductas, miedos. Se aísla emocionalmente incluso estando rodeado de gente.
Porque una de las cosas más duras de vivir un TCA no es solo el conflicto con la comida o el cuerpo, sino la sensación constante de que nadie entiende realmente lo que pasa dentro de ti.
Entonces, ¿qué sí se puede decir?
Muchas veces, más que decir, lo que más ayuda es que la persona no se sienta juzgada. A veces son gestos tan sencillos como un:
- “Gracias por contármelo”
- “No imagino lo difícil que debe ser vivir eso”
- “Estoy aquí contigo”
Una persona con un TCA ya vive dentro de una mente crítica y que lo cuestiona todo. Por eso, encontrarse con alguien que no añade más juicio puede ser ese alivio que tanto pretendemos regalar.
De hecho, si algo he aprendido estos años acompañando a personas con TCA es que no suelen necesitar que las corrijan, sino que las hagan sentir seguras. Que haya espacios en los que puedan dejar de justificarse o esconderse, para simplemente ser.
Y creo que ahí está una de las cosas más importantes que podemos ofrecer: una presencia real que no genere más culpa ni vergüenza.
Porque muchas veces nos olvidamos de lo más simple, y es que las personas no siempre recuerdan lo que les dijiste, pero si cómo se sintieron cuando estaban contigo. A veces, una frase pequeña puede ser un lugar seguro o una herida más. Ahora que tienes esta información, tienes la clave para hacer de tus palabras un bálsamo.
Acompañar a alguien con TCA no es sencillo. Por eso, siempre se recomienda la consulta de un profesional en este camino. Si lo ves adecuado, puedes hablarle de mis servicios para que cuando sienta que es el momento, me escriba.


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