Las parejas de pacientes con TCA tienen un rol vital. Ya hemos hablado muchas veces de lo importante que es la red de apoyo en el proceso de recuperación, pero concretamente, el apoyo de las parejas suelen ser un pilar clave.
Y es que cuando estamos transitando un TCA, todo nuestro mundo interior cambia, incluyendo la forma en la que queremos, y nos dejamos querer. Cambia nuestra manera de disfrutar de los placeres sencillos, y cambia nuestra percepción sobre todo lo que nos rodea.
De ahí que la pareja tenga un papel fundamental, ya que puede ser un sostén importante desde el que apoyarse en el proceso de recuperación.
El TCA como tercer miembro de la relación
Cuando aparece un TCA, las relaciones son tú, tu pareja y el trastorno. Y sí, sé que a priori puede parecer un poco exagerado, pero quien lo vive suele entender perfectamente a qué me refiero.
Durante estos años he visto a muchas parejas “en crisis” pensando que tenían un problema de comunicación, cuando en realidad el TCA era lo que estaba ocupando espacio entre ambos.
Y es que el TCA toma decisiones por nosotros. Decide si hay determinados planes a los que no nos vamos a apuntar. Decide el espacio que ocupa el cuerpo en un momento de intimidad. Decide el tiempo que pasas pensando en comida, en ejercicio o en compensaciones en lugar de estar presente en el aquí y ahora.
Así que sí, muchas relaciones giran en torno al trastorno.
De hecho una de las consecuencias de las que menos se habla es cómo un TCA afecta a la intimidad (y no hablo únicamente de las relaciones íntimas).
Me refiero a la intimidad de sentirse cómodo cuando alguien te mira, o cosas más sencillas como cambiarte de ropa delante de tu pareja o de aceptar una caricia sin que inmediatamente aparezca el pensamiento: «Seguro que está viendo mi barriga.»
Todo esto es completamente normal cuando llevas años sintiendo que tu cuerpo necesita ser “corregido”, por decirlo de alguna forma, y resulta muy difícil creer que otra persona pueda quererlo tal y como es.
La pareja también sufre
Ya hemos hablado alguna vez de las personas que permanecen al lado de alguien que transita un TCA.
Sabemos de sobra que no se trata de buscar culpables ni tampoco de invisibilizar que convivir con un TCA también genera un enorme desgaste emocional.
Es habitual que aparezcan pensamientos como:
- «No sé cómo ayudar.»
- «Tengo miedo de decir algo que empeore las cosas.»
- «Siento que haga lo que haga, me equivoco.»
- «Ya no sé si insistir o callarme.»
Y esa sensación de impotencia puede terminar generando distancia. No porque falte amor, sino porque falta comprensión sobre lo que realmente está ocurriendo.
Pero recordemos que el amor sostiene, da seguridad y acompaña, pero en ningun caso es un sustituto de un tratamiento psicológico.
A veces las parejas sienten una enorme presión por «salvar» a la otra persona y esa responsabilidad termina siendo insoportable para ambos.
Nadie debería convertirse en terapeuta de la persona a la que ama. La pareja necesita poder seguir siendo pareja.
Lo que sí puede hacer una pareja
Después de muchos años acompañando procesos de recuperación, hay algo que he comprobado una y otra vez.Lo que realmente marca la diferencia es construir un lugar donde la otra persona no tenga que defenderse constantemente.
Un lugar donde pueda decir: «Hoy estoy teniendo un día muy difícil con mi cuerpo.»
Y no reciba como respuesta: «No digas tonterías, si estás estupenda.»
Sino algo mucho más sencillo. «Cuéntame qué está pasando.»
Algo tan básico como esto, puede marcar la diferencia. Poco a poco, la persona deja de vivir tan pendiente del cuerpo y empieza a volver a conectar con quien tiene delante.
Empieza a disfrutar de una cena sin estar calculando, a abrazar sin pensar en cómo se siente su barriga y a estar presente.
Y eso transforma también la relación de pareja.
Y cuando el trastorno deja de ser el protagonista, vuelve a aparecer algo que llevaba mucho tiempo escondido: la posibilidad de compartir la vida desde un lugar mucho más libre.
Si eres la pareja de alguien que está atravesando un TCA, probablemente haya días en los que te sientas perdido.
Es normal.
No existen manuales para acompañar algo tan complejo, pero sí hay algo que puede marcar una diferencia enorme: recordar que detrás de muchas conductas que hoy no entiendes, normalmente hay miedo. Muchísimo miedo.
Y si eres tú quien convive con el trastorno, quiero que recuerdes que el amor sano nunca nace de un número en la báscula, nace cuando alguien puede conocerte más allá del trastorno.
Y tú también puedes volver a hacerlo.
Créeme, merece la pena recorrer ese camino.

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