Hoy quiero hacerte una pregunta: ¿qué cosas has dejado de hacer desde que el TCA apareció en tu vida?
Puede que lo primero que te venga a la mente nada concreto, pero todo tenga que ver de alguna forma con comida. Quizá sean determinadas celebraciones, viajes, escapadas, planes improvisados…
De alguna manera, podríamos decir que el TCA te fue quitando poco a poco libertad, especialmente cuando prácticamente cualquier plan social gira alrededor de la comida.
De hecho muchas personas creen que el mayor sufrimiento de un TCA aparece delante del plato, pero desde mi experiencia, no siempre es así.
Muchas veces el sufrimiento empieza cuando alguien propone: «¿Quedamos a cenar?»
Y automáticamente tu cabeza deja de escuchar el resto de la conversación. Empiezas a pensar:
- «¿Dónde iremos?»
- «¿Habrá algo que pueda comer?»
- «¿Y si tengo un atracón después?»
- «¿Y si todo el mundo se fija en lo que como?»
- «¿Y si tengo que dar explicaciones?»
En apenas unos segundos, un plan que antes significaba disfrutar con personas importantes se transforma en una fuente de preocupación.
Y eso es agotador.
Porque el problema ya no es únicamente la comida, es todo lo que ocurre antes, durante y después de ella.
Sin darte cuenta, el TCA hace tu mundo más pequeño cada día
Todo comienza cuando rechazas una cena. Después, un cumpleaños. Semanas más tarde, con la excusa de que tienes mucho trabajo, te pierdes una merienda familiar.
De pronto, te das cuenta de que hace meses que no disfrutas de una reunión sin pensar en la comida. Y es que el TCA tiene el poder de convencerte de que hoy no es buen momento (ni mañana tampoco).
Muchas personas con un TCA lo pasan mal tanto cuando rechazan un plan, como cuando lo aceptan y se pasan toda la comida calculando y negociando mentalmente.
Las dos situaciones son realmente agotadoras, ya que suponen un esfuerzo mental y emocional tratando al mismo tiempo de aparentar normalidad frente a otros.
Si esto te resulta familiar, no te pasa solo a ti. Es uno de los aspectos más invisibles del TCA, y al mismo tiempo, uno de los más abrumadores.
Cuando trabajo con mis pacientes en consulta, me gusta compartir una idea y es que la recuperación no es dejar de tener determinadas conductas, sino volver a vivir todo lo que el TCA te ha quitado.
Por ejemplo, volver a aceptar una invitación sin pensar en compensaciones o hacer cálculos sobre lo que sí y lo que no puede pasar en esa salida. Ir a un cumpleaños y centrarte en la compañía y las conversaciones, no en las calorías de la tarta. Elegir un restaurante sin tener que mirar la carta antes de aceptar. Reír en la sobremesa de forma relajada en lugar de sentir una culpa apabullante…
En definitiva, aceptar que la comida no fue el centro, sino que siempre fue la vida que había alrededor de ella.
¿Qué puede ayudarte si hoy te cuesta hacer planes?
Si estás en un proceso de recuperación, no voy a decirte que dejes de tener miedo, porque eso sería inútil en la práctica.
Lo que sí puedo decirte es que pruebes con algunos de estos consejos que pueden servirte desde ya mismo:
- Empieza por planes más pequeños
En lugar de pasar de cero a cien, prueba con pequeños planes, como salir a tomar un café o algo fresquito en una terraza con una amiga de confianza.
Poco a poco te demostrarás que eres capaz de salir de la rutina estricta con pequeños pasos que te ayudarán a ir perdiendo el miedo.
- Habla con alguien antes de aislarte
Muchas personas, ante la ansiedad, tienen el impulso de aislarse. Si esto te pasa, prueba a hacer todo lo contrario: habla con alguien de confianza antes de decidir si vas a ir o no a un plan.
Suele pasar a veces que, cuando verbalizamos lo que nos pasa, deja de ocupar tanto espacio.
- Recuerda cuál es el verdadero motivo del plan
Como te decía más arriba, la comida no es el centro, sino las personas que la rodean. Pregúntate: ¿para qué te han invitado? ¿Para pasar tiempo contigo, o para ver cuánto comes?
La respuesta ya te la sabes. Y merece la pena recordartelo cuando tu TCA intenta convencerte de lo contrario.
Un TCA nos cambia la relación con la vida, y hace que digas que no a planes a los que en el fondo quisieras decir que sí.
Pero tu vida es mucho más que tu TCA. Y cuando lo entiendas, verás uno de los cambios más bonitos que tendrás en tu recuperación.
Un día volverás de una cena y no recordarás qué comiste, sino las conversaciones, las risas y la compañía que tuviste. Y ese día entenderás lo que significa ir recuperando tu vida.

Deja una respuesta